Vocación de comunicarnos, vocación de encontrarnos

“Entonces Dios dijo: «Que exista la luz». Y la luz existió. Dios vio que la luz era buena y separo la luz de las tinieblas…” (Gn 1, 3-4).

“Sabiduría y tiempo” que son las significaciones bíblicas de la luz al inicio de la creación, quiere expresarnos y comunicarnos el hermoso don que Dios nos ha regalado en su primer día. Es por eso que en este nuevo tiempo digital, donde hay nuevas formas de comunicación, queremos  en primer lugar responder a esta vocación humana de salir al encuentro de todos también en estos ámbitos virtuales. Y en segundo lugar responder a la vocación cristiana de ser “sal y luz” en el mundo, aportando desde la sabiduría cristiana, un criterio de reflexión hacia las realidades humanas, cotidianas y complejas en la que nos encontramos inmersos, para que todos juntos seamos sinceros buscadores de la verdad que nos plenifica y nos hace realmente libres.

Se dice en muchos ámbitos y aun se discute que estamos en una “época de cambios” o de un “cambio de época”, lo cierto que estamos en tiempos donde se necesita una sabiduría singular para mirar mas allá, diferente y lúcida ante los “desafíos” que se presentan. Me atrevo a decir desafíos y no problemas porque el desafío siempre implica una voluntad y un compromiso de cambio por parte de uno y de todos. No basta el granito de arena de uno sino el de todos. Hoy somos tres personas que hemos querido responder al llamado de nuestro santo Padre Benedicto XVI que en su reciente alocución sobre los medios de comunicación nos decía:

A ustedes, jóvenes, que casi espontáneamente se sienten en sintonía con estos nuevos medios de comunicación, les corresponde de manera particular la tarea de evangelizar este “continente digital”. Háganse cargo con entusiasmo del anuncio del Evangelio a sus contemporáneos. Ustedes conocen sus temores y sus esperanzas, sus entusiasmos y sus desilusiones. El don más valioso que le pueden ofrecer es compartir con ellos la “buena noticia” de un Dios que se hizo hombre, padeció, murió y resucitó para salvar a la humanidad. El corazón humano anhela un mundo en el que reine el amor, donde los bienes sean compartidos, donde se edifique la unidad, donde la libertad encuentre su propio sentido en la verdad y donde la identidad de cada uno se logre en una comunión respetuosa. La fe puede dar respuesta a estas aspiraciones: ¡sean sus mensajeros! El Papa está junto a vosotros con su oración y con su bendición.

Pero esperamos ser muchos más los comprometidos en esta tarea de aportar nuestras vivencias, nuestra sabiduría, nuestro talento, nuestra crítica y nuestra vida en un mundo donde busca el sentido y el horizonte de sus vidas. Te invitamos a caminar juntos por este “espacio” y poder no solo compartir la luz sino a seguir buscándola donde se deje encontrar.

Esto me lleva a recordar a San Pablo en su famosa intervención en un Areópago lleno de celo por el Señor:

Incluso, algunos filósofos epicúreos y estoicos dialogaban con él. Algunos comentaban: «¿Qué estará diciendo este charlatán?», y otros: «Parece ser un predicador de divinidades extranjeras», porque Pablo anunciaba a Jesús y la resurrección. Entonces lo llevaron con ellos al Areópago y le dijeron: «¿Podríamos saber en qué consiste la nueva doctrina que tú enseñas? Las cosas que nos predicas nos parecen extrañas y quisiéramos saber qué significan». Porque todos los atenienses y los extranjeros que residían allí, no tenían otro pasatiempo que el de transmitir o escuchar la última novedad.

Lo nuestro no busca ser una oferta más ni una novedad como lo podría encontrar en un supermercado. Lo nuestro busca “comunicar” que implica mucho más que “conversar”. Comunicar es transmitir desde nosotros, desde nuestras vivencias, emociones, penas, tristezas, desconciertos, alegrías, dudas y miedos. Abrirnos a la hermosa creación de compartir y construir un pensamiento que nos ayude a transformar. Muy diferente a lo que buscaban estos sabios griegos, deseosos de gula intelectual. Dios nos ha compartido su sabiduría y su tiempo para vivir felices y trasformar lo que es necesario, ese es el gran don que hay que compartir y multiplicar.

En este día de la solemnidad de Pentecostés, le pidamos al Espíritu que nos conceda espíritu de profetas y con su simple brisa de vida y vigor a esos hermosos talentos guardados en nuestro corazón.

“Ven Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz. Ven Padre de los Pobres, ven a darnos tus dones, ven a darnos tu luz..” (Secuencia de Pentecostés).

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