Mayo de María

Ntra. Sra. de Luján

Otro Mayo nos encuentra para regalarle a la Madre una especial atención y nuestras mejores rosas en cada rosario. Son muchos los devotos y marianos que, con sus talentos y artes, muestran su cariño a María y su compromiso como cristianos. Por ejemplo la gente de May Feelings, tal como hiciera con sus anteriores producciones, nuevamente nos regala un video para testimoniar la fe. Esta vez la invitación es simple: rezar.

El sábado pasado decía un obispo de Argentina:

“Rezar es una de las cosas más nobles del ser humano; más dignas. Rezar es algo tan importante como respirar. Si uno no respira se muere y si uno no reza, se aleja de Dios.”

Mons. Rubén Frassia

Jamás subestimemos el poder de la oración, uno de los más grandes valores que podemos transmitir a nuestros hijos y amigos. Tengamos siempre presente que las grandes batallas se ganan de rodilla.

Y hoy, 8 de Mayo, los argentinos viviremos con especial devoción esta jornada dedicada a María Santísima bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján, la “Virgen Gaucha”, patrona de nuestra Argentina. Dirijamos a ella nuestra oración, y pidámosle en esta época de especial inquietud política y social, que siempre nos acompañe y nos abrigue bajo su santo manto, intercediendo por nosotros para juntos construir, entre todos, la Nación que nos merecemos.

Conversión personal

Ya lo comentamos. Hablamos en la cuaresma pasada sobre este tiempo fuerte como preparación a nuestra mayor celebración como cristianos: la Pascua de Resurrección.

Pero… ¿cómo prepararnos  en el siglo 21 a revivir la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús? ¿Cómo vivir la Cuaresma en esta época tan secularizada? Hasta hace unos cuantos años (no soy tan viejo), recuerdo de mi niñez aquel clima especial de la semana santa en mi ciudad. Recuerdo aquel “exagerado respeto” (según mi infantil criterio) que se vivía en la programación de las pocas estaciones radiales de aquellos tiempos, sobretodo durante el jueves y viernes santo, y el canal de televisión local que siempre repetía la película “Jesús de Nazaret” de Franco Zeffirelli. También me acuerdo de las largas colas en la parroquia del barrio para el sacramento de la reconciliación, y de las charlas entre las señoras  que siempre en los negocios comentaban el menú de vigilia que pensaban para algún viernes cuaresmal. Y en la misa del domingo, por supuesto, encontrarse con todos los vecinos (o al menos casi todos).

Hoy es diferente. Antes la sociedad acompañaba la vivencia de la cuaresma, se respiraba aquel clima especial en los viernes de cuaresma y en la Semana Santa. Entonces… ¿qué ha cambiado de aquellos tiempos a hoy?

Bueno, creo que no hacen falta grandes esfuerzos para enumerar algunas razones de este secularismo (casi ateísmo en algunos ámbitos) en el que nuestra sociedad en general se ha empantanado:

  • propaganda y militancia anticlerical;
  • agresión y difamación a sacerdotes;
  • discriminación a fieles devotos y su forma de vivir la fe;
  • manipulación de puntuales casos de corrupción sacerdotal para ensuciar hasta la misma investidura pontificia;
  • resurgimiento de movimientos anticatólicos: ideologías de género, grupos feministas pro aborto, leyes anti familia (como el “matrimonio” homosexual), racionalismo, relativismo, hedonismo, etc.

Todo esto potenciado con el estallido de los medios de comunicación masiva, sumados al mal uso de las nuevas formas de comunicación digital (redes sociales de Internet, blogs y listas de correo con propaganda atea o agnóstica), hicieron un caldo de cultivo perfecto para enfriar la fe de nuestra comunidad.

Parece imposible pelear contra estos gigantes. Con tanta influencia comunicacional extranjera, empezamos a perder nuestra identidad como comunidad de fe. Importamos fiestas foráneas, como halloween o Saint Patricks (donde el alcohol reemplaza la devoción a San Patricio), y comenzamos a olvidar nuestra Cuaresma, nuestra Semana Santa y su hondísimo significado cristiano.

En este tiempo necesitamos más que nunca las luces del Espíritu Santo para ser instrumentos de conversión. Y para convertir nuestro entorno, primero debemos mirarnos al espejo con mucha humildad y reconocer nuestra propia necesidad de conversión. ¿Y cómo trabajar por nuestra conversión personal? El mismo Jesús nos da la receta en este tiempo que meditamos Su Pasión:

“Velen y oren para no caer en tentación”

(Mc 14, 38)

La oración es la herramienta sobrenatural por excelencia para cualquier apostolado, incluso para convertir nuestro espíritu, nuestro hogar, nuestra familia, nuestro entorno laboral, nuestra comunidad…

Se acaba la Cuaresma, y aunque podamos sentir interiormente que quizás no llegamos a cumplir todos los propósitos que nos hicimos al iniciarla en el miércoles de ceniza, tenemos esta oportunidad de decir “Esta Semana Santa es mia”. Desde este Domingo de Ramos y hasta el el próximo Domingo de Resurrección, tenemos siete días absolutamente nuestros para intensificar nuestra conversión y contagiar el aroma a Cristo en nuestro entorno.

¿De qué tiene necesidad la Iglesia?

Compartimos el rico mensaje del querido Papa Pablo VI:

La Iglesia tiene necesidad de su perenne Pentecostés. Necesita fuego en el corazón, palabras en los labios, profecía en la mirada. La Iglesia necesita ser templo del Espíritu Santo, necesita pureza total, vida interior. La Iglesia tiene necesidad de volver a sentir subir desde lo profundo de su intimidad personal, como si fuera un llanto, una poesía, una oración, un himno, la voz orante del Espíritu Santo, que nos sustituye y ora en nosotros y por nosotros “con gemidos inefables” y que interpreta el discurso que nosotros solos no sabemos dirigir a Dios. La Iglesia necesita recuperar la sed, el gusto, la certeza de su verdad, y escuchar con silencio inviolable y dócil disponibilidad la voz, el coloquio elocuente en la absorción contemplativa del Espíritu, el cual nos enseña “toda verdad”.

A continuación, necesita también la Iglesia sentir que vuelve a fluir, por todas sus facultades humanas, la onda del amor que se llama caridad y que es difundida en nuestros propios corazones “por el espíritu Santo que nos ha sido dado”. La Iglesia, toda ella penetrada de fe, necesita experimentar la urgencia, el ardor, el celo de esta caridad; tiene necesidad de testimonio, de apostolado. ¿Lo han escuchado, hombres vivos, jóvenes, almas consagradas, hermanos en el sacerdocio?. De eso tiene necesidad la Iglesia. Tienen necesidad del Espíritu Santo en nosotros, en cada uno de nosotros y en todos nosotros a la vez, en nosotros como Iglesia. Si, es del Espíritu Santo de lo que, sobre todo hoy, tiene necesidad la Iglesia. Decidle, por tanto, siempre: “¡VEN!”

(Pablo VI, discurso del 29 de noviembre de 1972)

Oración

Sin el Espíritu Santo, Dios es lejano,
Cristo permanece en el pasado,
el Evangelio es una letra muerta,
la Iglesia una simple organización,
la autoridad un poder,
la misión una propaganda,
el culto un arcaísmo
y la actuación moral
una conducta de esclavos.

En Cambio, en Él:
el cosmos se encuentra ennoblecido
y movilizado para la generación del reino,
Cristo resucitado se hace presente,
el Evangelio se vuelve potencia y vida,
la Iglesia realiza la comunión trinitaria,
la autoridad se transforma
en un servicio liberador,
la acción humana es deificada.

Patriarca Atenágoras I [1886 – 1972]

Mayo, mes de María

En Mayo, y en coincidencia con la explosión de flores que trae la primavera en el hemisferio norte, la Iglesia propone dedicar con especial devoción el trato con María. No es casual entonces el observar en los distintos medios y comunicadores católicos la invitación a conocerla, honrarla y amarla más a nuestra Santa Madre, y reforzar nuestras prácticas marianas de piedad.

Y si hablamos de oraciones a la Virgen, sabemos que no hay ninguna que agrade tanto a la Madre como la corona de rosas que le regalamos en cada Rosario. Entre tantas exhortaciones al reencuentro con Ella para este mes, encontré un usuario de YouTube que con sus videos nos anima a dar nuevo impulso a nuestro diario momento con María.

May feelings o “50 razones”

Las razones para acudir a María son infinitas. Aquí solo se enuncian 50 razones, pero seguramente, y sin mucho trabajo podemos encontrar muchas más: encomendar nuestro matrimonio, nuestra familia, nuestros amigos, nuestro trabajo…  ¿Podrías agregar más razones para ir a buscar su abrigo? Seguro que si.

May feelings II o “Yo rezo el Rosario”

Ni aburrido, ni “pasado de moda”, ni mucho menos inútil. Yo rezo el Rosario, y tengo la certeza de que no estoy solo.

May feelings III o “Gracias”

Lo sabemos, estamos en el Año Sacerdotal, ¿pero nos acordamos como es debido de nuestros sacerdotes? La oración es una ayuda poderosísima para apoyar la tarea pastoral que realizan, y en ellos también sostener a toda nuestra Iglesia. Con el Rosario podemos retribuirles de alguna manera tanto sus consejos, sus oraciones y la dirección espiritual que nos dan en cada reconciliación. Una buena forma de darles las “Gracias”.

“El ayuno que yo amo”

“Así habla el Señor: Este es el ayuno que yo amo: si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu obscuridad será como el mediodía. El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tu serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan…”

Una de las prácticas que invita la Iglesia en este tiempo litúrgico es el ayuno. Desde el primer día de la Cuaresma estamos invitados a vivir este gesto como signo de preparación al intenso camino penitencial que ya hemos iniciado.

Aunque la Escritura no ordena que los cristianos ayunen, no es algo que Dios requiera o demande de los cristianos, pero al mismo tiempo, la Biblia presenta el ayuno como algo que es bueno, beneficioso y esperado. El libro de los Hechos registra el ayuno de los primeros cristianos  antes de tomar decisiones importantes: “Ellos después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron…” (Hch 13,3); “En cada comunidad establecieron presbíteros, y con oración y ayuno, los encomendaron al Señor en el que habían creído…” (Hch 14, 23).

El ayuno con frecuencia va ligado a la oración (Lc 2,37; 5,33). Creemos casi siempre que el objetivo del ayuno es la falta de alimento. En cambio, el propósito del ayuno debe ser quitar tus ojos de las cosas de este mundo y concentrarte en Dios y en el prójimo. El ayuno es una manera de demostrar a Dios, y a ti mismo, que tomas en serio tu relación con Él. El ayuno te ayuda a obtener una nueva relación y una renovada confianza hacia Dios. La Iglesia nos llama a practicarlo oficialmente el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo de la Pasión del Señor, y todos los Viernes de este tiempo, a hacer abstinencia de carne si es posible.

Actualmente el ayuno ha perdido la fuerza en cuanto a su importancia en la vida cristiana, se ha parcializado su original motivación, por un lado se alegan motivos como, que es una practica antigua que ya no es necesaria en la Iglesia, otros la han reducido a un ámbito de caridad y que mi ayuno pasa por ayudar y desprenderme de algo con la finalidad de ayudar a mi prójimo. Y también se lo ha circunscrito al ámbito íntimo de la fe para mi bien y provecho personal.

Si bien esto es parte de la verdad, no podemos dejar de decir que nos falta claridad y una visión global, en cuanto a la importancia de este gesto en nuestra vida cristiana y en la vida de la Iglesia. El ayuno tiene una dimensión integral y social, personal y comunitaria a la vez. Esta orientado a mi bien espiritual como al bien de mi prójimo. Como nos orienta e ilumina la palabra, el verdadero ayuno comienza  eliminando todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna. Una primera invitación a  eliminar y romper las cadenas que nos atan a formas antievangélicas de pensar, de obrar, y practicar, que atentan contra nuestra felicidad y nuestra dignidad.

Romper en primer lugar con mis propias cadenas para comenzar con la liberación total de todos los hombres; la cadena de egoísmo, primer atentado a la justicia social, los yugos de la mentira que oscurecen la verdad, el yugo de la indiferencia, la apatía, la mediocridad, la comodidad, “cómplices” de todo este “orden de cosas”; decidirnos a sacarnos y sacudirnos de una buena vez las cadenas que estamos ya acostumbrados a tener. Pero para este acto de liberación hace falta el soplo de Dios que nos invita a este éxodo cuaresmal, impulsados y animados por su promesa. Solo así es posible esta revolución espiritual.

En un segundo momento nos invita a “si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria” y aquí descubrimos la dimensión social y comunitaria de nuestro ayuno. No es solamente abstención de alimentos, un método de dieta o un esfuerzo ascético oriental, el ayuno nos abre a la dimensión fraterna, nos ayuda a apartar los ojos de las cosas de este mundo, para poder enfocarnos más profundamente en Cristo y en los hermanos. El ayuno no es una forma de lograr que Dios haga lo que deseamos, sino descubrir que es lo que Él desea con nosotros. El ayuno nos cambia a nosotros, no a Dios. El ayuno no es una manera de aparecer más espirituales que otros. El ayuno nos ayuda a  crecer en espíritu de humildad, de disponibilidad y una actitud gozosa ante Dios y los hermanos.

Por último la Palabra concluye diciendo como fruto de toda esta vivencia “tu luz se alzará en las tinieblas y tu obscuridad será como el mediodía. El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan…”. Puestas nuestras miradas en Él y lo que nos promete, caminemos esperanzados, dejándonos transformar por todos los medios que Él nos ofrece.