“Milagro” de Francisco

Papa Francisco

Gracias a Internet tengo oportunidad de conocer personas de distintos países, y algunas —especialmente las latinoamericanas— al enterarse de mi nacionalidad, bromean sobre la fama que cargamos los argentinos: presumidos, arrogantes, charlatanes, agrandados, … , en síntesis: soberbios. Aquí uno clásico “chiste de argentinos”:

– ¿Cuál es el mejor negocio que puedes hacer con un argentino?
– Comprarlo por lo que vale y venderlo por lo que él cree que vale.

Seguramente algún mérito habremos hecho para esto.

Ahora bien, con esta “fama” por un lado, y por otro el Papa del fin del mundo conquistando al planeta con su carisma y sus gestos, atrevidamente concluyo que, gracias a Francisco, asistimos a un verdadero “milagro”: el mundo quiere a un argentino.

Asumiendo este hecho pintoresco —aunque no por esto menos cierto—, se me ocurrió un desafío interesante: ampliar ese “primer milagro” del papa. Que el mundo no solo quiera a un argentino, ni a un país, ni a un continente. Que el mundo quiera al mundo.

La idea podrá sonar utópica o romántica si se quiere, sin embargo no es nada original. Ya San Juan en su evangelio recogía esta exhortación que el Maestro nos hizo a todos los cristianos hace más de dos mil años:

“Les doy un mandamiento nuevo:ámense los unos a los otros.
Así como yo los he amado, ámense también ustedes.
En esto todos reconoceránque son mis discípulos:
en el amor que se tengan los unos a los otros.”

(Jn 13, 34-35)

Se trata entonces de extender las fronteras del redil de la Iglesia, hasta contener, nada más y nada menos, al mundo entero. Y dentro de este gran rebaño universal —léase católico— cumplir con este mandato divino que, a pesar de sus dos milenos de antigüedad, sigue siendo nuevo. Esto es la nueva evangelización: el evangelio —la buena noticia— es vieja, pero la manera de comunicarlo se renueva.

“Yo hago nueva todas las cosas.”

(Ap 21, 5)

Al orgullo —y al privilegio— de tener un papa coterráneo, debe anteponerse el compromiso de bautizado. Y si bien monseñor Jorge Bergoglio es argentino, el papa Francisco es del mundo entero, sin exclusividades ni localismos. Tendremos que poner el hombro todos para que el “nuevo milagro”, algún día, pueda cristalizarse. La nueva evangelización está en marcha, y hoy la encabeza Francisco. A trabajar y encomendar esta misión renovada de la Iglesia.

Mayo de María

Ntra. Sra. de Luján

Otro Mayo nos encuentra para regalarle a la Madre una especial atención y nuestras mejores rosas en cada rosario. Son muchos los devotos y marianos que, con sus talentos y artes, muestran su cariño a María y su compromiso como cristianos. Por ejemplo la gente de May Feelings, tal como hiciera con sus anteriores producciones, nuevamente nos regala un video para testimoniar la fe. Esta vez la invitación es simple: rezar.

El sábado pasado decía un obispo de Argentina:

“Rezar es una de las cosas más nobles del ser humano; más dignas. Rezar es algo tan importante como respirar. Si uno no respira se muere y si uno no reza, se aleja de Dios.”

Mons. Rubén Frassia

Jamás subestimemos el poder de la oración, uno de los más grandes valores que podemos transmitir a nuestros hijos y amigos. Tengamos siempre presente que las grandes batallas se ganan de rodilla.

Y hoy, 8 de Mayo, los argentinos viviremos con especial devoción esta jornada dedicada a María Santísima bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján, la “Virgen Gaucha”, patrona de nuestra Argentina. Dirijamos a ella nuestra oración, y pidámosle en esta época de especial inquietud política y social, que siempre nos acompañe y nos abrigue bajo su santo manto, intercediendo por nosotros para juntos construir, entre todos, la Nación que nos merecemos.

Patria y Nación

Durante esta década, y parte de la próxima, muchos países de Iberoamérica conmemoran el bicentenario de sus respectivas independencias. En Argentina, hoy 25 de Mayo,  se conmemora el 201 aniversario del primer gobierno patrio constituido en 1810, y principal impulsor de la declaración de independencia el 9 de Julio 1816.

En el marco del Bicentenario se potencian un sinnúmero de actividades culturales, sociales, deportivas, educativas, y también religiosas. Y en este contexto hoy recordé una nota de ACI Prensa citando un documento elaborado el año pasado por la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina.

Más allá de la exhortación de los prelados argentinos a “crear leyes que respeten la dignidad humana, la familia y la sociedad” (intenciones burladas ese mismo año con la aprobación de una ruidosa ley antifamilia), y a “trabajar por la construcción de una nación reconciliada con la ayuda de todos”,  quiero detenerme en el título de esta declaración: “La Patria es un don, la Nación una tarea”.

Cuánto poder de síntesis en ese título. A primera vista es comprensible el don, ese regalo gratuito que es la Patria misma, y que heredamos de aquellos primeros patriotas. Pero pregunto… ¿podremos como sociedad dimensionar la tarea de Nación a la que estamos obligados? Creo que entender la tarea no es tan simple como entender el don.

Transitamos actualmente una época de mucho tumulto social en Argentina, donde se diluyen valores en antivalores, y desde los medios y el gobierno se estimulan antagonismos y rivalidades viscerales en pos de alguna conquista política. “Divide y reinarás” reza la máxima, y nunca vimos tan claramente su veracidad. Polarizar la sociedad recurriendo a la ingeniería de la información manipulada, de la conmoción, el sensacionalismo, el sentimentalismo, o la simple y llana mentira, son moneda corriente en este tiempo. Todo vale en los círculos de poder.

He ahí el campo de batalla para nuestro buen combate. Como cristianos comprometidos tendremos que “transpirar la camiseta” y dar pelea en esta tarea de Nación. Tendremos que resistir la tentación de ser cómodos y pasivos, y asumir como bautizados la responsabilidad de derramar la luz del Evangelio y sus valores en este mundo alejado de Dios. Entendamos que ser tolerantes no es abdicar valores, y ser respetuoso no significa callarse y dejar que se oculte la Verdad. Ante la realidad que nos interpela y nos exige manifestarnos aún “a contrapelo”, tendremos que transformarnos de simples habitantes a ciudadanos comprometidos.

No será fácil el camino a nuestra Nación, pero San Pablo nos anima:

“Todo lo puedo en Aquel que me conforta”
(Filipenses 4,13)

“Si Dios está conmigo, ¿quién contra mi?”
(Romanos 8,31)

Todavía estamos encendidos por la Pascua de resurrección, y en este tiempo pascual sentimos la presencia real de Cristo viviente entre nosotros. De Él recibamos el ánimo y audacia para lograr nuestra tarea.

Feliz día de la Patria a toda Argentina, y feliz bicentenario a toda Iberoamérica.