“Porque para eso he salido”

“Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levanto, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: ‘Todos te andan buscando’. El les respondió: ‘Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido’. Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.” (Mc 1, 35-39)

Con mucha alegría y emoción nos sorprendía la grata noticia de un hombre en cierto lugar de Argentina, que encontrando una valija con una interesante cantidad de dinero devolvía a su dueño. Pero para redoblar nuestra sorpresa, nos encontrábamos ante este mismo hombre que viviendo en una situación económica difícil, realizaba este “heroico y honrado” acto. Seguramente esta noticia habrá dado lugar a diversos comentarios, desde los más elogiosos y agradecidos, hasta los disfrazados de ingenuidad y con cierto sabor a burla.

Son estas noticias las que nos invitan a tomarnos el pulso sobre nuestras virtudes, a reflexionar y preguntarnos por dónde andan o si ya han dejado de circular, en que calle se extravió, o en que lugar de nuestra casa se guardo, en que tiempo dejo de adornar nuestra vida y especialmente nuestro corazón. Ciertamente que la vemos pasar alguna vez en la semana por alguna calle, algún transporte, algún negocio, alguna fila para hacer trámites, pero pasa tan rápida ahogada de tantos atropellos, fruto de nuestra falta de orden y respeto en el que vivimos.

Todos te andan buscando

La verdad que en cada reclamo cotidiano andamos buscando aquellos que consideramos extraviados, en esto nos pueden dar luz Simón y los discípulos, que muy temprano en la mañana al ver la ausencia de Jesús y ante el reclamo de la gente, salen a buscarlo donde seguro saben que lo encontraran, en un lugar alejado en actitud de oración. Y es que estas virtudes que consideramos “extraviadas” solamente están ausentes, y solo las podemos encontrar allí donde seguro estarán, en nuestras fuerzas espirituales, lugar privilegiado donde ellas crecen, maduran y se manifiestan. “Muchas Gracias”, “Permiso”, “Por favor”, siguen ausentes en muchos ambientes y situaciones y ¡cuanto hace falta su presencia!, que nos humanice nuevamente. Verdad, Justicia, y Respeto, son banderas que esperan ser elevadas nuevamente en lugares donde hoy ondean otros intereses. Amor, comprensión, diálogo y paciencia, son el caldo hogareño que pedimos perfumen y den sabor en nuestra familia. Y así una lista larga de virtudes que quisieran volver a recorrer e inundar nuestras calles, hogares, nuestra vida, inteligencia y corazón. Con acierto decía el Maestro: “Busquen primero el Reino y su justicia y todo lo demás se les dará por añadidura”, una invitación a buscarlo a Él, que es el Señor de las virtudes. El Hombre que nos revela quién es el hombre.

Porque para eso he salido

Y es que las virtudes no están para ser guardadas en una especie de relicario religioso, donde la cuidarían amorosamente personas confinadas a la perfección. No están para ser manifestadas solo en lugares donde las puedan apreciar. Para crecer, multiplicarse y fecundar a otros tienen necesidad del corazón de cada uno de nosotros, que es su verdadero ambiente natural. Pretenden ayudarnos y acompañarnos en la vida de aquí abajo, para ayudarnos a resolver no pocos conflictos, a suavizar ciertas tensiones, a hacer llevadera y menos dura la convivencia con los demás y con nosotros mismos.

Muchos estamos convencidos de que, si existiese el coraje de volver a poner en circulación estas virtudes que tenemos guardadas u ocultas y que de vez en cuando salen casi con timidez y vergüenza, si nos atreviéramos a volver a exponer su validez frente a las modas y atropellos de hoy, muchas cosas en esta tierra funcionarían un poco mejor y distintos problemas encontrarían una solución casi natural, sin necesidad de acudir a campañas y proyectos ruidosos.

Por eso al igual que estos sorprendidos discípulos ante la respuesta de Jesús, todos los días estamos invitados y desafiados por el Señor a salir con nuestras virtudes a “otras aldeas” llevando la Buena Noticia, dejando que ellas sean el vehículo evangelizador, el rostro misionero, porque para eso Él ha salido y nosotros hemos venido.

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