“La Paz esté con ustedes”

“La paz no es una mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas contrarias, ni nace de un dominio despótico sino con razón y propiedad, se define la obra de la justicia (Is 32,7): es el fruto de un orden puesto en la sociedad humana por su divino fundador y encomendado a los hombres que anhelan realizar una justicia mas perfecta. Al tener el bien común del género humano su primera y esencial razón de ser en la ley eterna, y al someterse sus concretas exigencias a las incesantes transformaciones del tiempo que pasa, la paz no es nunca una adquisición definitiva, sino algo que es preciso construir cada día. Y como, además, la humana voluntad es frágil y arrastra la herida del pecado, el mantenimiento de la paz pide a cada uno un constante dominio de sus pasiones y exige a la autoridad legitima la vigilancia”.

(Constitución pastoral Gaudium et Spes, 78)

A partir de este hermoso párrafo que nos regala el Concilio Vaticano II sobre la paz, quiero comenzar esta meditación teniendo presente las primeras palabras de Jesús Resucitado “la paz este con ustedes”.

El Miércoles de Cenizas San Pablo nos invitaba a comenzar la Cuaresma con palabras muy categóricas: “En nombre de Cristo les suplicamos que se dejen reconciliar con Dios…” y Jesús cerraba este tiempo y habría uno nuevo con estas palabras en el Cenáculo: “La paz este con ustedes”. Sin dudas que la preparación a la Pascua esta marcada por momentos ricos en gestos, signos, palabras y vemos como se multiplican tantas expresiones. Desde el primer signo de la ceniza, pasando por el ayuno, la abstinencia, gestos de misericordia, la reconciliación sacramental, el Vía Crucis, y todas las tradiciones que se matizan con la liturgia en diversas partes del mundo. A partir de esto es bueno preguntarnos: ¿cuáles son los signos y gestos pascuales que acompañan y ayudan a vivir este tiempo?.

Creo que la respuesta a esta pregunta la podemos encontrar en las palabras de Jesús a sus discípulos, que todavía rodeados de tantos vertiginosos acontecimientos, no logran digerir la magnitud de tal obra y de tal presencia. Jesús atraviesa en primer lugar la casa, como cuenta el evangelio “estando cerradas las puertas” y pronuncia por primera vez estas inesperadas palabras: “La paz este con ustedes…” y como continua el relato les mostró “sus manos y su costado”. Catequizando nuevamente a sus discípulos con palabras y gestos, les devolverá la alegría y la serenidad y en su resurrección les traerá un don mucho más grande de lo que se atrevieron a esperar. La paz, será el primer regalo a la comunidad y será el signo y la expresión de este nuevo pueblo – Iglesia forjado en los labios, en la pasión y resurrección de su fundador.

¿Pero en que consiste esta Paz que nos trae el Señor?

Para el pueblo hebreo, la paz era la esperanza mesiánica por excelencia y el anhelo radical del hombre, que se concretiza en el saludo: “La paz contigo”, al que otro judío responde “Contigo la paz”. La palabra hebrea Shalom no se ajusta ni al latín pax ni al griego eirene. Etimológicamente hay que derivarla de la raíz sumeria shlm y del acádico shalamu: estar sano, íntegro. Para Israel, el contenido de Shalom puede describirse como sigue: “Shalom significa la total armonía dentro de la comunidad que, por razón del orden, está penetrada de la bendición de Dios y hace así posible el crecimiento, libre y sin obstáculos, del hombre en todos sus aspectos”. Así se explica que Shalom sea un concepto de amplísima extensión, usado frecuentemente tanto para la vida diaria como para las más altas esperanzas religiosas:

  • con él se expresa la salud corporal (Is 57,18s; Jf 6,14);
  • sirve de fórmula de saludo (Gn 29,6; 43,27; 1 Sm 16,4x);
  • se ‘marcha’ en paz (Gn 26,29; Ex 18,23);
  • se ‘desea la paz’ (Dt 23,7; Jr 29,7);
  • se ‘duerme en paz’ (Sal 4,9); y
  • se es ‘sepultado en paz’ (Gn 15,15; 2 Re 22,20).

Dios es “el Dios de la paz” (Rom 15,33; 16,20; 1 Cor 14,33) y nos ha dado por su Hijo, de quien san Pablo dice: “El es nuestra paz” (Ef 2,14). Jesús proclamó bienaventurados a “los que buscan la paz” (Mt 5,9), manda a los suyos que saluden deseando la paz (Mt 10,13; Lc 10,5). El saludo al comienzo de casi todas las cartas paulinas es un deseo de gracia y paz (cf. 1 y 2 Cor, Gál, Ef. Flp, Flm, Col, 1 y 2 Tim, Tt).

A partir de esto podemos decir que la paz, vivida en todas estas manifestaciones nos ayudara a vivir este tiempo. Desearnos la paz, vivir en paz, construir la paz en el hogar, en la familia, en el barrio, tener un vocabulario de paz, transmitir paz, será el signo y el gesto principal de la Pascua. Porque la paz es mucho mas que un acuerdo entre pares, es mucho mas que ausencia de conflictos, y del dominio y la fuerza de uno; es un don hecho carne en Jesús, es un regalo para ser vivido y manifestado. Es además, una tarea a cosntruir, a realizar desde los mas pequeños gestos cotidianos donde realmente se siembra la paz hasta las mas altas esferas del poder donde se sella la fraternidad y concordia entre los pueblos.

Que el Señor nos ayude a encontrar y vivir la paz, y que como Buen Pastor nos lleve por las verdes praderas de justica y de la paz y nos nos abandone en las oscuras quebradas de los conflictos que vivimos.

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