Jerarquía en el culto

De vez en cuando, como muchos de los que trabajamos en Internet y usamos el correo electrónico, recibo cadenas de emails de todo tipo, sabor, color y aroma. Una de las últimas que me llegó fue un correo con un título de asunto muy concreto y lapidario: “Él cumple”. Y ya dentro del mensaje se observa una imagen de San Expedito (aunque podría haber sido de cualquier otro santo), con un texto que invita a reenviar a X cantidad de personas para que en Y cantidad de días pueda se recibir algún milagro.

Otra cosa que me llamó la atención fue ver la cantidad impresionante de contactos que vienen reenviando, o al  menos recibiendo pasivamente, este mismo mensaje. Transformé mentalmente cada dirección de correo electrónico en una persona y visualicé una multitud importante, y me pregunté si realmente toda esta gente tomará en serio este tipo de prácticas con el correo.

Le contesté a mi amigo, y atrevidamente al resto de contactos que vi dentro del correo (aún cuando no conocía a ninguno), que es importante saber que no existe ningún santo -incluida nuestra Santísima Virgen María- que por sí solo sea “milagrero”. Sólo Dios es el Hacedor, y solamente a Dios adoramos. Luego de Él, nuestra madre la Virgen María; y por debajo de ella todos los santos que nos regala la Iglesia, incluido el santo citado en el mensaje. Existe un orden, una clara jerarquía que nunca debemos perder de vista y a la que siempre tenemos que honrar con nuestra práctica del culto, dándole el peso que corresponda en cada caso.

A los santos podemos venerar y devocionar (no adorar), pero debemos saber que son nada más -y nada menos- que intercesores nuestros ante nuestro Padre Dios. María es la intercesora universal, y luego de ella el resto de los mediadores santos.

Ocasionalmente se puede ver en algunas personas un “desbalanceo” en sus prácticas de piedad, poniendo el acento casi en forma exclusiva en estampas, imágenes o como en este caso cadenas de emails de determinados santos, creyendo que son únicamente ellos los que otorgan los milagros y las gracias. Sin embargo no siempre se acuerdan del mismo Dios a la hora de la misa o de frecuentar los sacramentos, o desestiman las devociones marianas a nuestra Madre. Un “desequilibrio” que se debe reacomodar.

Y aunque la devoción popular otorgue cualidades especiales a cada santo, no se debe caer en el politeísmo práctico de quienes rezan al santo de lo urgente, al del trabajo, al que consigue pareja… tal como las antiguas civilizaciones con sus distintas deidades: del sol, de la tierra, del fuego, etc. Los católicos somos monoteístas, tenemos Un Único Dios.

De hecho, en ocasiones, los devotos de determinado santo ni siquiera conocen la vida de aquel a quien veneran. Por ejemplo de San Expedito se sabe que fue rápido… ¿en qué? ¿y qué más? Es altamente recomendable leer y formarse sobre la vida de los santos y beatos, que con el testimonio de sus vidas son ejemplo y luz guía en nuestro andar tras las huellas de Cristo. Además de San Expedito podría sugerir leer sobre Santa Teresa de Lisieux, San Pablo, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, San Josemaría Escrivá, entre los muchísimos frutos de nuestra Iglesia.

Entendamos que los santos son un medio, y que Dios es el Único Fin. Agradezcamos a Dios por el regalo de todos los santos de la Iglesia Triunfante que interceden por nosotros ante Él.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *