El temor y la fe

Hace poco, curioseando libros añejos en algún estante no muy limpio ni frecuentado, me encontré por casualidad con “La música de Dios”, de Segundo Galilea. Bastante gastado y casi desencuadernado lo hojeé con mucho cuidado, y me detuve en un capítulo muy corto llamado El temor y la fe, donde lo inicia con la siguiente cita atribuida a la Experiencia Cristiana:

Poca fe puede crear temores.
Mucha fe elimina todo temor.

Poca fe puede crear supersticiones.
Mucha fe elimina toda superstición.

Simple. Un mensaje tan breve y tan hondo. De inmediato me disparó la mente a repasar muchas de las situaciones cotidianas en las que se pueden observar manifestaciones de temor o superstición, donde no hace falta mucho análisis para concluir que en el fondo son por falta de fe.

Desde los clásicos lazos rojos en autos o en la muñeca de mucha gente (he llegado a verlos incluso en bebés), hasta los talismanes y amuletos “para la salud, dinero y pareja” ofrecidos por los más descarados estafadores, pasando por los santuarios a santos paganos que cada vez se reproducen con mayor velocidad a la vera de las rutas. Incluso recordé cuando en mi época colegial leía el horóscopo de cualquier diario o revista que caía en mis manos, o hasta llegar a usar determinada camisa de la suerte como cábala para los exámenes. Ausencia de fe.

Si bien la fe es un don gratuito de Dios (que junto con la esperanza y la caridad constituyen las tres virtudes teologales), podemos y debemos pedirla constantemente a nuestro Padre, en la oración, para no caer nosotros en el temor o la superstición, y para iluminar a la gente de nuestro entorno. Acompañar este camino con la buena formación, con la misa y la participación frecuente de los sacramentos seguramente que ayudará.

“¡Auméntanos la fe!” gritaban los apóstoles, y lo repite en este video San Josemaría. Pedir la fe a gritos: “¡auméntanos la fe!”, la mía, la nuestra, la de aquel familiar un poco alejado de Dios y la de aquel compañero de trabajo también. La de toda la Iglesia militante.

“¡Auméntanos la fe!”: excelente jaculatoria para repetirla en todo momento, por ejemplo este mismo domingo en nuestra visita al Santísimo, y así eliminar todo temor.

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