Educar en la fe

Llama mucho la atención, al menos en lo personal, el descubrir que en varias familias que se dicen creyentes con frecuencia tienen obsesión por la educación académica de los hijos, pero descuidan o desestiman la educación espiritual (muchas veces deliberadamente) que debería acompañarlos en cada etapa del crecimiento.

Así es como se preocupan de conseguir una plaza en el mejor colegio, o en el mejor club deportivo, o en el mejor instituto de idiomas o de artes; y todo esto seguramente con el consecuente esfuerzo económico y personal que en muchos casos sobrepasan las reales posibilidades. Y sin embargo la formación cristiana se delega casi exclusivamente a los cursos de catecismo para la primera comunión o la confirmación, y luego de “haber cumplido” con los sacramentos de iniciación, se abandona la formación espiritual de los hijos. Misión cumplida para la educación en la fe.

Es más, muchas veces sólo “se cumple” con el bautismo por presiones de familiares, y luego ningún otro sacramento. De hecho hasta empieza a verse una corriente que ni siquiera valora el bautismo: “¿por qué imponerles algo que no entienden?”. Para justificar esto, es común escuchar ese cliché tan gastado de “que ellos elijan en qué creer cuando sean grandes”.

Es necesario entender que la fe cristiana es un don. Un don gratuito que nos es dado desde “el exterior”, por lo tanto jamás podríamos abrazarla “espontáneamente”, o como consecuencia de un proceso racional individual y personal. El don de la fe se nos da como un regalo, tal como se nos da el regalo de la misma vida sin que nosotros la hayamos elegido. La fuente de este don es la Palabra de Dios, que se nos comunica con la evangelización, la formación cristiana, la educación espiritual que algunas familias desestiman.

Entonces, ¿por qué pelearse entre los padres a ver quién va este sábado a la catequesis familiar? Y si no existe la costumbre de ir a misa en familia, ¿qué sentido tiene que un hijo haga su primera comunión si también va a ser su última comunión? Si en la familia no hay ambiente cristiano, ¿cómo un hijo podrá confirmarse en la fe?

Los padres deben ser los primeros formadores en la fe, por lo tanto serán los primeros en formarse para educar en los valores de la fe a sus hijos. Los padres son instrumentos de formación, la Palabra se extiende a través de ellos, y finalmente la fe podrá darse y envolver a los hijos. Es por esto que, tal como un padre procura el alimento, el abrigo y el cuidado de la salud de su bebé, también elige integrarlo a la Iglesia e imprimirle el carácter de hijo de Dios con el bautismo.

Nadie pretende que en todas las familias los padres sean teólogos eruditos, simplemente en la sencillez de la vida cotidiana, con el testimonio diario que un hijo puede ver en sus papás cristianos, en el trato amable y cordial, en la sonrisa y el consejo seguro, en la misa dominical o acudiendo a los sacramentos, seguramente se puede comunicar la fe. La palabra solo empuja, pero el ejemplo arrastra.

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