Mayo de María

Ntra. Sra. de Luján

Otro Mayo nos encuentra para regalarle a la Madre una especial atención y nuestras mejores rosas en cada rosario. Son muchos los devotos y marianos que, con sus talentos y artes, muestran su cariño a María y su compromiso como cristianos. Por ejemplo la gente de May Feelings, tal como hiciera con sus anteriores producciones, nuevamente nos regala un video para testimoniar la fe. Esta vez la invitación es simple: rezar.

El sábado pasado decía un obispo de Argentina:

“Rezar es una de las cosas más nobles del ser humano; más dignas. Rezar es algo tan importante como respirar. Si uno no respira se muere y si uno no reza, se aleja de Dios.”

Mons. Rubén Frassia

Jamás subestimemos el poder de la oración, uno de los más grandes valores que podemos transmitir a nuestros hijos y amigos. Tengamos siempre presente que las grandes batallas se ganan de rodilla.

Y hoy, 8 de Mayo, los argentinos viviremos con especial devoción esta jornada dedicada a María Santísima bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján, la “Virgen Gaucha”, patrona de nuestra Argentina. Dirijamos a ella nuestra oración, y pidámosle en esta época de especial inquietud política y social, que siempre nos acompañe y nos abrigue bajo su santo manto, intercediendo por nosotros para juntos construir, entre todos, la Nación que nos merecemos.

El Grafito de Alexamenos

Grafito de Alexamenos

Verdad, calumnias e insultos

“Αλεξαμενος σεβετε θεον”
(Alexamenos adora a [su] dios)

En 1857 es desenterrado en el Monte Palatino, el edificio denominado “Domus Gelotiana” y junto a él se descubrió, el que iba a ser conocido como el “grafito de Alexamenos”. Este grafito encontrado en un muro en el monte Palatino, una de las 7 famosas colinas de Roma, es la primera representación  pictórica conocida de la crucifixión de Jesús y la primera blasfemia cristiana conocida. La imagen representa a un hombre con cabeza de burro que estaría crucificado y a su izquierda hay un hombre que levanta una mano, bajo este gráfico hay una leyenda escrita en griego: “Αλεξαμενος σεβετε θεον”, Alexamenos adora a [su] dios.

Es sabido que el mundo intelectual y popular grecoromano acusaba a la incipiente Iglesia primitiva de “antropofagia” (comer carne humana) en sus reuniones; clara referencia a la “fracción del pan” como se llamaba en ese entonces a la Eucaristía; y otra de las pocas conocidas era de “onolatria” (adoración de un asno), tal es la confirmación de esta calumnia con este grafito donde con burla a Alexamenos se lo quiere ridiculizar en su fe.

Desde esta primitiva figura grabada en un grafito hasta los últimos aportes de la tecnología al servicio del cine, donde con burla e ignorancia en películas como por ejemplo “El sentido de la vida” de los Monty Phyton, “El Código Da Vinci” de Dan Brown, se hace un continuo acto de ridiculez de nuestras creencias y prácticas como creyentes, o marcando un oscuro camino de sospechas y de mentiras en el surgimiento de nuestra fe.

Es verdad que muchas de las causas por las cuales la Iglesia es perseguida y atacada se deben a las debilidades y escándalos de sus miembros, que nada tienen que ver con el seguimiento a Jesús, pero por otra parte, es verdad que en la mayoría de los casos la Iglesia es continuamente atacada y descalificada por sus creencias y por el estilo de vida, valido y creíble, que propone ante tantas ofertas que hoy el mundo ofrece.

“Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el Reino de los Cielos”.
(Mt 5,10)

La opción por una vida consagrada, el valor de la fidelidad, el respeto por la vida en todos sus órdenes, la vivencia de una sana sexualidad, la superación de nuestros egoísmos para salir en busca del prójimo, el perdón, el amor a nuestros enemigos, la valentía de anunciar y proclamar nuestra fe, todo esto solamente se vive y se entiende en lo que Juan Pablo II llamo la “lógica del amor” ante la “lógica del mal”, disfrazada de un progreso de las libertades individuales, que el mundo continuamente propone.

¡Ojo! que aquí no quiero hacer una apología maniqueísta, Iglesia vs. mundo, una guerra entre el bien y el mal, porque tanto la Iglesia como el mundo necesitan de una continua conversión. El cristiano está llamado a ser sal y luz de este mundo del cual es parte, y darle lo mejor que tiene que es Jesús Muerto y Resucitado. Pero no hay que ser ingenuos a la hora de peregrinar por esta tierra y en estas horas de la historia, que los medios de comunicación social son el grafito donde se inscriben las mayores mentiras, calumnias e injurias hacia nuestra fe, tergiversando la verdad de nuestras creencias, dejando un manto de sospecha, confundiendo y produciendo rechazo de los no cristianos y en especial de los más débiles y menos instruidos en nuestra fe.

El grafito de Alexamenos detalla en su dibujo, a un hombre con cabeza de burro crucificado, alterando la verdadera figura, transformándola en “más” grotesca e inaceptable para el mundo grecoromano. Los grafitos de hoy no solo son imágenes sino también voces y sonidos, donde en un festín de secuencias y momentos se rebaja y ridiculiza, se descalifica y vulgariza lo que muchos amamos y elegimos. Se altera y se desfigura nuestras creencias, parcializando nuestro mensaje, a modo de hacernos “intolerantes”, “retrógrados”, “medievales” y “cuadrados”, tal las expresiones que hoy en día circulan, hijas de estas grandes vidrieras mediáticas donde todo está bien y todo es aceptable.

Somos para esta corriente, hombres con cabeza de burro que adoramos a Otro con cabeza de burro, y que en el fondo les diría sinceramente “y a mucha honra”, sus burlas, sus continuos ataques no hacen más que fortalecer y enraizar más nuestra fe. Nos hace abrazar más nuestro compromiso con Dios y con el hombre, y ser más diligente con el hermano más necesitado y alejado.

San Pablo nos decía: “nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos”. Pidamos como Iglesia esa fuerza y esa sabiduría que solo viene de Dios, para no renunciar a este mensaje en medio de tantas adversidades, y escribamos y dibujemos en el grafito de todos los hombres, que es su corazón, el verdadero rostro de Dios que es amor y que nos ama. Que los obstáculos del mundo nos ayuden a todos los cristianos a ser más fieles, auténticos y humanos para la felicidad del hombre y la gloria de Dios.

“Porque para eso he salido”

“Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levanto, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: ‘Todos te andan buscando’. El les respondió: ‘Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido’. Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.” (Mc 1, 35-39)

Con mucha alegría y emoción nos sorprendía la grata noticia de un hombre en cierto lugar de Argentina, que encontrando una valija con una interesante cantidad de dinero devolvía a su dueño. Pero para redoblar nuestra sorpresa, nos encontrábamos ante este mismo hombre que viviendo en una situación económica difícil, realizaba este “heroico y honrado” acto. Seguramente esta noticia habrá dado lugar a diversos comentarios, desde los más elogiosos y agradecidos, hasta los disfrazados de ingenuidad y con cierto sabor a burla.

Son estas noticias las que nos invitan a tomarnos el pulso sobre nuestras virtudes, a reflexionar y preguntarnos por dónde andan o si ya han dejado de circular, en que calle se extravió, o en que lugar de nuestra casa se guardo, en que tiempo dejo de adornar nuestra vida y especialmente nuestro corazón. Ciertamente que la vemos pasar alguna vez en la semana por alguna calle, algún transporte, algún negocio, alguna fila para hacer trámites, pero pasa tan rápida ahogada de tantos atropellos, fruto de nuestra falta de orden y respeto en el que vivimos.

Todos te andan buscando

La verdad que en cada reclamo cotidiano andamos buscando aquellos que consideramos extraviados, en esto nos pueden dar luz Simón y los discípulos, que muy temprano en la mañana al ver la ausencia de Jesús y ante el reclamo de la gente, salen a buscarlo donde seguro saben que lo encontraran, en un lugar alejado en actitud de oración. Y es que estas virtudes que consideramos “extraviadas” solamente están ausentes, y solo las podemos encontrar allí donde seguro estarán, en nuestras fuerzas espirituales, lugar privilegiado donde ellas crecen, maduran y se manifiestan. “Muchas Gracias”, “Permiso”, “Por favor”, siguen ausentes en muchos ambientes y situaciones y ¡cuanto hace falta su presencia!, que nos humanice nuevamente. Verdad, Justicia, y Respeto, son banderas que esperan ser elevadas nuevamente en lugares donde hoy ondean otros intereses. Amor, comprensión, diálogo y paciencia, son el caldo hogareño que pedimos perfumen y den sabor en nuestra familia. Y así una lista larga de virtudes que quisieran volver a recorrer e inundar nuestras calles, hogares, nuestra vida, inteligencia y corazón. Con acierto decía el Maestro: “Busquen primero el Reino y su justicia y todo lo demás se les dará por añadidura”, una invitación a buscarlo a Él, que es el Señor de las virtudes. El Hombre que nos revela quién es el hombre.

Porque para eso he salido

Y es que las virtudes no están para ser guardadas en una especie de relicario religioso, donde la cuidarían amorosamente personas confinadas a la perfección. No están para ser manifestadas solo en lugares donde las puedan apreciar. Para crecer, multiplicarse y fecundar a otros tienen necesidad del corazón de cada uno de nosotros, que es su verdadero ambiente natural. Pretenden ayudarnos y acompañarnos en la vida de aquí abajo, para ayudarnos a resolver no pocos conflictos, a suavizar ciertas tensiones, a hacer llevadera y menos dura la convivencia con los demás y con nosotros mismos.

Muchos estamos convencidos de que, si existiese el coraje de volver a poner en circulación estas virtudes que tenemos guardadas u ocultas y que de vez en cuando salen casi con timidez y vergüenza, si nos atreviéramos a volver a exponer su validez frente a las modas y atropellos de hoy, muchas cosas en esta tierra funcionarían un poco mejor y distintos problemas encontrarían una solución casi natural, sin necesidad de acudir a campañas y proyectos ruidosos.

Por eso al igual que estos sorprendidos discípulos ante la respuesta de Jesús, todos los días estamos invitados y desafiados por el Señor a salir con nuestras virtudes a “otras aldeas” llevando la Buena Noticia, dejando que ellas sean el vehículo evangelizador, el rostro misionero, porque para eso Él ha salido y nosotros hemos venido.

La pobreza necesita del samaritano

“Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?». Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: “Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver” ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?».«El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera»” (Lc 10, 29 – 37)

Durante estos días hay varias noticias que vamos siguiendo con cierta preocupación por el grado de importancia que significa en nuestra vida cotidiana: la gripe A, el dengue, el diálogo político, el controvertido y tan difundido tema de la educación sexual en las escuelas, y especialmente “la pobreza”, escandalosa e injusta como la dirían nuestros obispos en varios mensajes y documentos magisteriales. “Realidad” y “Estigma” con nombre y apellido, hoy sujeta al análisis y contradicciones de varios que vemos desfilar por los medios, teorizando soluciones que escuchamos repetidas veces con buenas intenciones pero con poco resultados en el tiempo. “Realidad” y “Estigma” tan usada por diferentes sectores en sus momentos de puja de poder y a la hora del crédito político y sin embargo cotidianamente gobierno tras gobierno, se multiplican estos rostros por nuestras calles y ciudades, siendo ya el paisaje acostumbrado que no nos sorprende y no nos conmueve. “Realidad” y “Estigma” que en cada mensaje eclesial toma un nuevo nombre y se dibuja un nuevo rostro en la larga lista que a modo de collage forma el triste cuadro de la Pobreza.

Me viene a la cabeza el mensaje de Jesús relatando la parábola del Buen Samaritano y me invita también a preguntar a la luz de nuestra realidad: ¿cuál es el motivo del hombre que bajaba de Jerusalén? ¿Económico, social, moral, espiritual, familiar? Lo cierto que el relato no detalla el motivo especifico ni se queda en especulaciones, al evangelio le interesa al hombre que se va y que sigue bajando. Lo rico de esta parábola es como continua este relato, no solo baja con toda una carga y estigma que podría llegar a tener, sino que a medida que va alejándose aparecen los salteadores, que terminaran despojando de lo que aún le queda para dejarlo desnudo al costado del camino.

Y sucedió que pasaron primero un sacerdote y después un levita y ambos dieron vueltas para no tocar al caído. Cumplían con ello una “obligación legal”. Quizás esa es la triste realidad y contradicción de nuestros días, el miedo de mirar pero no tocar y jugarnos por gestos salvadores , pero a la vez con la audacia de pronunciar el sagrado nombre de los pobres con la misma ligereza que nos lleva a olvidarlos. Seguramente estos hombres ante un tribunal religioso no habrían recibido más que elogios: habían “huido” de la impureza (y del prójimo) y renunciaban al amor en nombre de su religiosidad. Seria bueno a la hora de nuestro examen de conciencia preguntarnos ¿cuántas veces en nuestra vida cotidiana “huimos y renunciamos al amor” en nombre de muchas excusas que al final no terminan de responder a este desafío?

Jesús en contraposición al sacerdote y al levita, ha elegido a quien teóricamente menos podría presentarse como modelo, “un samaritano”: miembro de un pueblo de herejes, donde el odio era mutuo. Era un viajero corriente. Llevaba lo que todo viajero de la época portaba consigo, pero sobre todo un corazón caliente, un corazón que se deja conmover e interpelar ante el hombre – hermano caído. Es importante destacar que Jesús relata esta parábola mientras el sube a Jerusalén. Se produce el milagroso acontecimiento de un Dios que viene al encuentro de todos y de un hombre que se deja encontrar. Es el encuentro de un Dios – solidario y los hombres – necesitados, el encuentro del Amor con la carencia y la mendicidad humana, el encuentro de un hombre despojado y olvidado con la riqueza de un Dios que se goza amando.

Asistimos en esta parábola a mucho mas que una simple anécdota: asistimos a uno de los puntos centrales de la predicación de Jesús: la caridad es la fuente y la base de toda santidad. Como decía San Agustín: “Toda la humanidad yace herida en el borde del camino en la persona de ese hombre, a quien el diablo y sus ángeles han despojado”. Es Cristo el buen Samaritano quien bajando desde el cielo, carga con la humanidad a hombros para curarla. Desde que Jesús se encarno y pronuncio esta parábola todo gesto de amor tendrá ya su sello y nombre. Y especialmente la Iglesia dejara de ser la de Cristo cuando ante cada hermano al costado del camino, pase de largo. Y será mas del Señor cuando perpetúe y continúe repitiendo y actualizando el gesto del Samaritano que se conmueve e inclina ante todo hombre al costado del camino.

Que en medio de tantas palabras y estadísticas, especialmente los cristianos no nos olvidemos que los pobres son nuestros hermanos al costado del camino, y que esperan un corazón caliente y conmovido pero especialmente comprometido.

El temor y la fe

Hace poco, curioseando libros añejos en algún estante no muy limpio ni frecuentado, me encontré por casualidad con “La música de Dios”, de Segundo Galilea. Bastante gastado y casi desencuadernado lo hojeé con mucho cuidado, y me detuve en un capítulo muy corto llamado El temor y la fe, donde lo inicia con la siguiente cita atribuida a la Experiencia Cristiana:

Poca fe puede crear temores.
Mucha fe elimina todo temor.

Poca fe puede crear supersticiones.
Mucha fe elimina toda superstición.

Simple. Un mensaje tan breve y tan hondo. De inmediato me disparó la mente a repasar muchas de las situaciones cotidianas en las que se pueden observar manifestaciones de temor o superstición, donde no hace falta mucho análisis para concluir que en el fondo son por falta de fe.

Desde los clásicos lazos rojos en autos o en la muñeca de mucha gente (he llegado a verlos incluso en bebés), hasta los talismanes y amuletos “para la salud, dinero y pareja” ofrecidos por los más descarados estafadores, pasando por los santuarios a santos paganos que cada vez se reproducen con mayor velocidad a la vera de las rutas. Incluso recordé cuando en mi época colegial leía el horóscopo de cualquier diario o revista que caía en mis manos, o hasta llegar a usar determinada camisa de la suerte como cábala para los exámenes. Ausencia de fe.

Si bien la fe es un don gratuito de Dios (que junto con la esperanza y la caridad constituyen las tres virtudes teologales), podemos y debemos pedirla constantemente a nuestro Padre, en la oración, para no caer nosotros en el temor o la superstición, y para iluminar a la gente de nuestro entorno. Acompañar este camino con la buena formación, con la misa y la participación frecuente de los sacramentos seguramente que ayudará.

“¡Auméntanos la fe!” gritaban los apóstoles, y lo repite en este video San Josemaría. Pedir la fe a gritos: “¡auméntanos la fe!”, la mía, la nuestra, la de aquel familiar un poco alejado de Dios y la de aquel compañero de trabajo también. La de toda la Iglesia militante.

“¡Auméntanos la fe!”: excelente jaculatoria para repetirla en todo momento, por ejemplo este mismo domingo en nuestra visita al Santísimo, y así eliminar todo temor.